domingo, 1 de noviembre de 2009

En el día de Todos los Santos ( Mt. 4,25-5,12)


Mi oración para todas aquellas personas que día a día, siguen a Jesús desde su trabajo, sus tareas cotidianas,  desde los esfuerzos por educar a sus hijos, desde el amor en lo que hacen,  desde la confianza puesta en Dios.
Todas las reflexiones que he escuchado con respecto a este día, se han centrado en poner el acento desde este lugar. La gran cantidad de discípulos que apuestan día a día por el Reino.
Creo que es un gran gesto como Iglesia, este reconocimiento, pero, si bien  ningún cristiano se puede adjudicar a sí mismo ser santo, veo que en el pueblo de Dios, esta conciencia de la santidad, todavía está en crecimiento.
Contemplando el Evangelio, veía que  a Jesús, lo seguían grandes multitudes, y fue a ellos a quienes les dijo "FELICES". Y su discurso es totalmente integrador, porque en él no falta ninguna realidad humana.
Ese es Jesús, áquel que nos llama a la alegría y al regocijo, pero no por haber "padecido"  todas esas realidades que se nombran en la Bienaventuranzas, sino porque hemos tratado de amar lo que Él ama.
Moni

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