"No dejes que el sol se ponga sobre tu ira. De otro modo, durante el descanso nocturno, vienen los demonios, te asustan y te hacen así mucho más cobarde para la lucha del día siguiente. Las pesadillas de la noche proceden, ordinariamente, del influjo alborotador de la ira. Y nada hace al hombre tan dispuestos para cesar en la lucha como el no poder controlar sus emociones" (Evagrius, Prak, 21)
El prestar atención por la noche a su ira y quitársela en la oración delante de Dios, no es por tanto, en primer lugar, una exigencia moral, sino más bien psicológica, que sirve a la salud del alma y del cuerpo.
¡Qué sabiduría!!! ¿no?
Grüm, Alsem, La sabiduría de los Padres del Desierto, Salamanca, Ed. Sigueme, 4ta. Edición, 2003

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