viernes, 26 de febrero de 2010

La contemplación como camino de sanación

El hombre no puede sanarse en su interior sólo a través de la disciplina. El trato con sus pensamientos y los ejercicios concretos son una buena ayuda para acallar las pasiones y para que sea curada el alma, pero la verdadera  sanación sólo la realiza la contemplación. (...)
La contemplación es la oración pura, la oración sin interrupción y más allá de los pensamientos y de los sentimientos, la oración como unión con Dios (...). La dignidad del hombre está en que, en la oración, puede unirse con Dios. 
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En la oración el hombre ha de estar, primero, libre de sus pasiones, sobre todo de la ira y de la preocupación. Pero, luego, ha de dejar también tras de sí los piadosos pensamientos. No ha de pensar en Dios, sino estar unido a Dios.
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En la oración contempla su propia luz, si, se hace consciente de su propia naturaleza, que es toda luz, participación de la luz de Dios. En ese lugar de Dios, en el lugar de la paz, en el interior del alma, está todo tranquilo. Allí habita sólo Dios. Allí todo es santo. Allí se cierran en el amor de Dios todas las llagas que nos ha abierto la vida. allí desaparecen todos los pensamientos contra las personas que nos han herido. Allí nuestras pasiones no tienen  ya entrada. Allí tampoco pueden alcanzarnos los hombres con sus expectativas, con sus ideas, sus juicios. Allí estaremos unidos con Dios. Allí nos sumergimos en su luz, en su paz, en su amor. Este el objetivo del camino espiritual.


Grüm Alsem, La sabiduría de los padres del desierto, Sigueme, Salamanca 2003

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