domingo, 28 de febrero de 2010

El Dios compasivo

Si bien el texto que transcribo sería más oportuno hacerlo en otro tiempo litúrgico diferente al que estamos transcurriendo, me sentí movilizada, ante la interpelación de los diferentes acontecimientos mundiales, situaciones de gente querida que me ha tocado acompañar y algunas personales.
Moni



Dios es un Dios compasivo, lo cual significa, ante todo, que es un Dios que ha elegido ser Dios-con-nosotros. Para poder conocer y sentir mejor esta solidaridad divina, examinemos primero en qué consiste la experiencia de que alguien esté verdaderamente con nosotros.
¿Cuándo recibimos verdadero alivio y consuelo?¿Acaso cuando alguien nos enseña cómo hemos pensar o actuar?¿Acaso cuando alguien nos aconseja acerca de hacia dónde hemos de ir o lo que debemos hacer?¿O tal vez cuando escuchamos palabras tranquilizadoras?. Quizá sí, al menos en ocasiones. Pero lo que verdaderamente cuenta es que alguien permanezca con nosotros en momentos de dolor y de sufrimiento. Más importante que todas las palabras y que todos los consejos es la simple presencia de alguien que se preocupa. Cuando, en medio de una crisis, alguien nos dice: "No sé qué decir ni qué hacer, pero quiero que sepas que estoy contigo y que no he dejarte solo", entonces tenemos un amigo de quien podemos obtener alivio y consuelo. En una época como la nuestra, en la que tanto abundan los métodos y las técnicas para modificar a las personas, para influir en su conducta y para obligarlas a hacer nuevas cosas y tener nuevos conceptos, hemos perdido el simple, y a la vez díficil, don de estar presentes los unos a los otros. Y hemos perdido este don porque se nos ha hecho creer que la presencia ha de ser útil.
(...)
El limitarse a estar sencillamente con alquien, es díficil, porque nos exige compartir la vulnerabilidad del otro, entrar con el otro en su experiencia de debilidad e impotencia, hacerse parte de su propia incertidumbre y renunciar a todo control y a toda autodeterminación.
(...)
Desde el momento mismo en que a Dios le llamamos" Dios-con-nosotros", estamos entrando en una nueva relación de intimidad con él. Al llamarle "Emmanuel", reconocemos que él se ha comprometido a vivir en solidaridad con nosotros, a compartir nuestras alegrías y dolores, a defendernos y protegernos, y a padecer toda la vida con nosotros. El Dios-con-nosotros es un Dios cercano, un Dios al que llamamos "nuestro refugio y fortaleza", "nuestra sabiduría" e incluso, de manera más íntima, "nuestro socorro, nuestro pastor y nuestro amor". Jamás conoceremos realmente a Dios como un Dios compasivo si no logramos comprender, con el corazón y con la mente, que "puso su morada entre nosotros" (Jn.1,14)

Mc Neill, Donald; Morrison, Douglas; Nouwen, Henri; COMPASION, Sal Terrae, España, 1982

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