lunes, 26 de octubre de 2009

La vocación es dinámica ( a Alcira)

He escuchado decir en algunos consagrados jóvenes, frases como: "está buena la vida religiosa,  pero en cuanto algo no vaya bien, me voy", y también otras tales como: "mi consagración la hice de una vez y para siempre". Dentro del mismo tenor,  creo que podemos encontrar en aquellas personas que se sienten inclinadas a la vida matrimonial. Me pregunto cuál de ellas es la más acertada, y creo que los dos extremos tienen su parte de verdad y su parte de error.
Admito que fui formada en la segunda postura, hija de una generación que había enarbolado esa concepción.: matrimonio, consagración, "para siempre". Las generaciones que me siguieron, me llevaron a plantearme ese mandato, y gracias a personas que me han ayudado, hoy veo que la vocación es dinámica.
Tomo un trozo del Evangelio del domingo 25 de octubre: Jesús le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti"?- El le respondió: "Maestro, que yo pueda ver" (Mc. 10, 51). No pretendo forzar ninguna exégesis, sino compartir lo que esto me mostró. Más allá de la curación, el texto continúa diciendo que el ciego lo siguió por el camino. Esto me hizo caer en la cuenta, de que permanecer o no en un estado de vida, no depende si se está bien, o por sostener la palabra dada. Creo que lo importante es el seguimiento de Jesús en clave de amor y de entrega, y eso es lo dinámico. Dios en sí mismo es dinámica, comunidad de amor, y si la persona en su discipulado está atenta, a veces tendrá que escuchar del Maestro: "Crucemos a la otra orilla" (Mc.4, 35).
No dejo de negar que cambiará el estilo de vida, el cual muchas veces puede llegar a ser muy  atractivo,  como áquel que instala, pero nuestro Dios, siempre se caracterizó por no hacer taperas. El mismo Jesús, tuvo que ir descubriendo en su vida y con su vida, la misión que el Padre quería.
También habrá que evaluar el grado de compromiso que hemos establecido con quienes hemos anudado nuestras vidas (familia, congregación, etc..) y ver si todavía sigue siendo lugar de maduración humana y espiritual.  En el fondo será como versa el refrán: "grandes amores y gandes logros implican grandes riesgos". 
Si tomo lo sociocultural, como parte de un discernimiento, veo que al crecer la expectativa de vida, el ser humano tiene mayores posibilidades de desarrollo personal, y me pregunto si muchas veces aquello que fue nuestro primer lugar de seguimiento (matrimonio o vida religiosa), sigue siendo lugar de crecimiento, porque en definitiva, lo que Dios quiere es nuestra madurez en Cristo.
Creo que lo central está en no perder a Jesús, el centro de nuestra vida.

Moni

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