sábado, 23 de abril de 2011

Descenso a los infiernos

Un día llorarás sangre,
tu alma estará espesa como tierra,
cegado y obligado a andar a tientas
por  una garra hostil y cruel...
Te desconocerás,
“angustia” será el sol que te amanezca;
tu luna, “soledad”... ¿ Qué vida es esta ?
¿ Este soy yo ? ¿ Adónde he caído ?

ACUÉRDATE DEL CRISTO,
QUE DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS.
AFÉRRATE AL CRISTO,
QUE DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS.
 
CUANDO LLEGUE TU HORA,
INCORPORA EN TU FE A ESE CRISTO,
TAMBIÉN EN EL ABISMO
BRILLÓ LA REDENCIÓN !

Un día no habrá en tu alma
ningún cartel indicador hacia tu Dios.
-Lo habrá robado una mano burlona-
y ni a rezar te atreverás ...
Infinita distancia,
la amada comunicación perdida.
(Más duro que dudar de su existencia,
saber que Él es ... y  tenerlo perdido).

ACUÉRDATE... AFÉRRATE...
Todavía te queda en el Último Límite Cristo...
TAMBIÉN... !
Nadie lloverá en tu alma
su gota de ternura.
Y te sacudirá
-como ráfaga helada en tu conciencia-
abandonado, Cristo en Cruz.
Y verás a tu lado
andar errantes tus hermanos jóvenes,
y te rodarán Bosnia y otras lágrimas,
y llorarás tu salmo de amarguras ...

ACUÉRDATE... AFÉRRATE...
Mirarás tu ciudad con sus ojos
que son compasivos...
TAMBIÉN... !

Comprenderás de pronto
-partido en dos o en mil, por tu pecado-
que eres y que todos somos Lázaro
y el pobre Hijo Pródigo;
y en el no-amor sabrás
que hasta el espanto Dios bajó a alcanzarte
y para el corazón, quizá, ablandarte
El te abismó en su misericordia.

ACUÉRDATE... AFÉRRATE...
Ante Él la rodilla se doble,
aún en los abismos...
TAMBIÉN... !




Eduaro Meana

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