domingo, 11 de julio de 2010

BIEN Y MAL (PARTE II)

La contemplación es la fórmula mágica para adquirir conocimiento de uno mismo. La contemplación transforma la calidad de lo contemplado, ya que se hace luz, es decir, conocimiento, en la oscuridad.
El supremo objetivo del ser humano -podemos llamarlo sabiduría o iluminación-consiste en contemplarlo todo y reconocer que bien está como está. Ello supone el verdadero conocimiento de uno mismo. MIentras el individuo se sienta molesto por algo, mientras considere que algo necesita ser cambiado, no habrá alcanzado el conocimiento de sí mismo.
Tenemos que aprender a contemplar las cosas y los hechos de este mundo sin que nuestro ego nos sugiera de inmediato un sentimiento de aprobación o repulsa. (...)
Los mandamientos, las leyes y la moral no conducen al ser humano al objetivo de la perfección. La obediencia es buena, pero no basta, proque "también el diablo obedece". Los mandamientos y prohibiciones externos están justificados hasta que el ser humano despierta al conocimiento y puede asumir su responsabilidad. La prohibición de jugar con cerillas está justificada respecto a los niños y resulta superflua cuando los niños crecen. Cuando el ser humano encuentra su propia ley en sí mismo ésta lo desvincula de los demás. La ley más íntima de cada individuo es la obliación de encontrar y realizar su verdadero centro, es decir, unificarse con todo lo que es.

Detthlefsen, T y Dahlke, R,  La enfermedad como camino, Plaza &Janes, Barcelona, 1997

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