(...)La espiritualidad,
entonces, no tiene nada que ver con elegir de manera serena y racional ciertas
actividades espirituales como ir a la Iglesia, orar o meditar, leer libros espirituales
o emprender una búsqueda espiritual explícita de algún tipo. Es algo mucho más
básico. Mucho antes de hacer algo explícitamente religioso tenemos que hacer
algo con el fuego que nos quema adentro. Qué hagamos con este fuego, cómo lo
encaucemos, es nuestra espiritualidad. En ese sentido todos tenemos una
espiritualidad, la queramos o no, seamos o no religiosos. (...) La
espiritualidad es aquello que da forma a nuestras acciones.
(…) La espiritualidad tiene
que ver con lo que hacemos con el deseo. Recibe sus raíces del eros que
hay adentro nuestro y tiene totalmente que ver con la forma como modelamos y
disciplinamos ese eros. Juan de la Cruz, el gran místico español, da comienzo a su
famoso tratamiento del viaje del alma con las palabras: “En una noche oscura,
en ansias de amores inflamada”. Para él son las ansias urgentes, eros,
aquello que constituye el punto de partida de la vida espiritual y, desde su
óptica, la espiritualidad, definida de una manera esencial, consiste en cómo
manejamos ese eros.
(…) En resumen, podemos
definir la espiritualidad de la siguiente manera: La espiritualidad tiene
que ver con lo que hacemos con el fuego que arde dentro de nosotros y con el
modo como canalizamos nuestro eros.
Y
cómo lo canalizamos, las disciplinas y los hábitos con los que elegimos vivir,
nos conducirán a una mayor integración o a la desintegración de nuestros
cuerpos, mentes y almas, y a una mayor integración o desintegración en la
manera como nos relacionamos con Dios, con los otros y con el universo cósmico.
(...) Un espíritu sano o un
alma sana debe cumplir dos tareas:
1.Por un lado, debe darnos
energía, fuego, de manera que no nos anquilosemos, perdamos nuestra vitalidad,
caigamos en una depresión paralizante y perdamos totalmente el sentido y el
gozo de estar vivos. De este modo, lo opuesto de una persona espiritual no es una persona
que rechaza la idea de Dios y vive como un pagano. Eso es una persona no
eclesial. Lo opuesto de ser espiritual, según esta manera de hablar, es no
tener energía, es haber perdido el deseo de vivir... estar recostado en un
sillón mirando un partido de fútbol o un juego electrónico, tomando cerveza por
vía intravenosa.
2.Pero abastecernos de energía
es solamente una de las dos tareas del alma. Su otra tarea, que es muy
vital, es mantenernos unidos, integrados, de manera que no nos desarmemos y
muramos. Bajo este aspecto, lo opuesto a una persona espiritual sería
alguien que ha perdido su identidad, a saber, la persona que en un cierto punto
ya no sabe más quién es. Un alma sana nos mantiene provistos de energía y con
unidad interior.
(ROLHEISER, R., En busca de
espiritualidad. Lineamientos para una espiritualidad cristiana del siglo XXI, Buenos
Aires 2003, 17 . 18 – 19 . 23 – 24).



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