martes, 4 de marzo de 2014

Las mujeres acompañantes

En el ministerio del acompañamiento espiritual, las mujeres nos estamos haciendo visibles y estamos ocupando lugares que en otro tiempo sólo eran ocupados por varones. Esto ocurre en todos los ámbitos y como un fenómeno inédito, también en el campo teológico. 
(...)
Nos maravilla ser signos y sacramentos del misterio de Dios en nuestro cuerpo de mujeres, nuestros ciclos, nuestra capacidad de gestar, de ser penetradas y habitadas, de amamantar y ser alimento. Nos urge compartir este tesoro con otras mujeres y también con los varones. Sin embargo, en muchas situaciones, nos cuesta encontrar nuestro lugar dentro de las estructuras eclesiales y vivir en plenitud nuestra vocación. Seguimos siendo fronteras (1) en una Iglesia conducida por varones en todos sus ámbitos. Nos acompaña una sensación de exclusión, mucho más, si somos mujeres casadas, madres de familia y con una vida plena y fecunda. Pareciera que la mujer es más aceptada cuando se presenta con una imagen varonil, o poco atractiva en su femineidad; da la impresión que en algunos sectores persiste el miedo frente a la mujer que sigue apareciendo como una amenaza. Aunque no siempre es explícito o consciente, se manifiesta en el trato y en el lugar que nos dan o que se espera que ocupemos. Cuesta aceptar un carisma de liderazgo en la Iglesia asumido por las mujeres y a muchos les resulta díficil o extraño que puedan predicar y acompañar espiritualmente a otros en su caminar hacia Dios. 
Sin embargo las mujeres laicas hermos sabido sacar provecho de esta marginalidad y con gran libertad hemos encontrado espacios vacío que nuestro "genio" podía llenar. El acompañarnos en nuestras búsquedas y con nuestro propio lenguaje fue gestando, casi sin darnos cuenta, el acompañamiento espiritual de mujer a mujer que queremos extender a todos. Sentimos en nuestras entrañas otros vacíos que claman por ser habitados (2) y el dolor de tantas orfandades y tantas soledades. 
Vemos en la práctica del acompañamiento hecho por mujeres una posibilidad para brindar nuestro aporte a fin de que la humanidad no decaiga; ayudar a reconciliar a los hombres con la vida y penetrar del espíritu del Concilio a todas las instituciones y comunidades. El surgimiento de madres espirituales es un fruto de esta nueva primavera del espíritu. Son mujeres, muchas de ellas esposas, madres y abuelas, que trascienden las fronteras de sus propios hogares para gestar y dar luz a nuevos hijos en el espíritu. Son mujeres que escucharon la invitación a la santidad y que tienen la osadía de aspirar a la unión con Dios y al grado más alto de oración, porque saben que la dimensión contemplativa no es un privilegio de unos en la Iglesia. Solteras o casadas, sedientas de maternidad, ofrecen a los hermanos lo más esencial de su identidad de mujeres: espacios maternos para gestar, nutrir, acompañar, educar, abrazar y consolar. 

 Inés Ordoñez de Lanús
ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL
Hacia la plenitud del amor
Ed. Camino al Corazón, 2013, págs. 110 a 113



(1) GUENTHER, MARGARET, Holy Listering, Cambrige, 1992
(2) PORCILE SANTISO, María Teresa, La mujer; Espacio de Salvación, Misión de la mujer, una prespectiva antropológica, Claretianas, Madrid, 1995

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