Mantengan el suspenso sobre el título que lo voy a explicar después.
Antes quiero decir algo sobre las dos últimas tonterías que he visto en
las vallas publicitarias: una anuncia moda: "Llega tu otoño"; otra es sobre un coche: "De Mi a Mío por 2 euros al día".
Las dos coinciden en considerar a sus destinatarios, o sea nosotros,
tan irremediablemente estúpidos que sólo nos fijaremos en lo que lleve
delante su correspondiente posesivo: mi otoño, mi coche...,misma táctica que en mis documentos, mis descargas, mis imágenes, mi iphone, mi ipad...Y la nueva ola de "yo cuantificado" que se nos viene encima: mis calorías, mis latidos, mi tensión, mis sensores...
Y lo malo es que la cosa no es reciente y se remonta a mi infancia: ya
entonces el devocionario que usábamos niños y niñas era el "Mi Jesús". No tenemos remedio.
Lo constata Rilke en uno de sus poemas:
Como si fueran dos páginas distantes del Evangelio pero que al doblarlas coinciden, la escena del comienzo de la vida de Jesús está ya "anticipando tendencia" de cómo van a ser su trayectoria y su final.
Ya desde el principio lo encontramos acampado en un espacio público, abierto y a la intemperie, sin puertas, defensas, cerrojos o alambradas. Qué acierto el del posadero al reservarse el derecho de admisión y no dejar entrar a aquella pareja de indocumentados sin blanca. Que esto no es Lampedusa, oiga, y yo no hago más que seguir directrices europeas y estoy muy satisfecho de haberme adelantado a la "Jornada Mundial contra las Migraciones Indeseables", que debería celebrarse todos los 24-D.
Así que el niño se quedó fuera en plan "indignadito", precursor de los que vendrán después y que sabrán poco de propiedad privada, ese inviolable derecho que permite a algunos "obtener, poseer, controlar, emplear, disponer de, y dejar en herencia tierra, capital, cosas y otras formas de propiedad", según la definición de Wikipedia.
Perteneció al colectivo de los que carecen de estrategias para proteger lo suyo y no consiguen entender las bondades de "lo privado": desde que salió de Nazaret, no supo ya lo que era disponer de casa propia ni de un lugar donde reclinar la cabeza. Pescaba, dormía y cruzaba el lago en una barca de amigos; comía y bebía donde le invitaban y, cuando fue él quien dio de comer a la gente, solo pudo ofrecerles como asiento la hierba de un descampado. Pidió prestados el borrico sobre el que entró en Jerusalén y la sala en la que se despidió con una cena de los que llamaba suyos, porque él sólo usaba los posesivos para decir "mi Padre" y "mis hermanos".
Al morir, echaron a suertes su túnica y volvió a estar tan desnudo como en el pesebre.
Se nos anuncia una gran alegría: nos ha caído en suerte un Niño. Que cada uno coja de él lo que quiera. Y que siga haciendo lo mismo que él hizo en memoria suya.
Lo constata Rilke en uno de sus poemas:
"No debes tener miedo, Dios. Ellos dicen míoa todas esas cosas, tan pacientes.
Son como el viento
que roza las ramas y dicen: árbol mío.
Dicen mío y llaman su posesión
a lo que se cierra cuando se acercan,
al modo que un insulso charlatán
llama acaso suyo al sol y al relámpago...
Y en medio de este pringue pegajoso del yo, mi, me, conmigo y para mí,
emerge la "pasarela Belén" por la que vuelven a desfilar, como cada
año, unos personajes peculiares con aire de vivir ajenos al tema de los
posesivos e incapacitados para decir: mi posada, mi establo, mi pesebre, mi paja, mis pañales, mis ángeles, mis pastores... Y ahora es cuando viene lo del tís tí are del
título en griego: "quién cogía qué" sería la traducción en bruto de lo
que dice Marcos al contar que los soldados echaron a suertes las
vestiduras de Jesús. "Que cada cual coja lo que quiera o pille lo que
pueda...", diríamos hoy.Son como el viento
que roza las ramas y dicen: árbol mío.
Dicen mío y llaman su posesión
a lo que se cierra cuando se acercan,
al modo que un insulso charlatán
llama acaso suyo al sol y al relámpago...
Como si fueran dos páginas distantes del Evangelio pero que al doblarlas coinciden, la escena del comienzo de la vida de Jesús está ya "anticipando tendencia" de cómo van a ser su trayectoria y su final.
Ya desde el principio lo encontramos acampado en un espacio público, abierto y a la intemperie, sin puertas, defensas, cerrojos o alambradas. Qué acierto el del posadero al reservarse el derecho de admisión y no dejar entrar a aquella pareja de indocumentados sin blanca. Que esto no es Lampedusa, oiga, y yo no hago más que seguir directrices europeas y estoy muy satisfecho de haberme adelantado a la "Jornada Mundial contra las Migraciones Indeseables", que debería celebrarse todos los 24-D.
Así que el niño se quedó fuera en plan "indignadito", precursor de los que vendrán después y que sabrán poco de propiedad privada, ese inviolable derecho que permite a algunos "obtener, poseer, controlar, emplear, disponer de, y dejar en herencia tierra, capital, cosas y otras formas de propiedad", según la definición de Wikipedia.
Perteneció al colectivo de los que carecen de estrategias para proteger lo suyo y no consiguen entender las bondades de "lo privado": desde que salió de Nazaret, no supo ya lo que era disponer de casa propia ni de un lugar donde reclinar la cabeza. Pescaba, dormía y cruzaba el lago en una barca de amigos; comía y bebía donde le invitaban y, cuando fue él quien dio de comer a la gente, solo pudo ofrecerles como asiento la hierba de un descampado. Pidió prestados el borrico sobre el que entró en Jerusalén y la sala en la que se despidió con una cena de los que llamaba suyos, porque él sólo usaba los posesivos para decir "mi Padre" y "mis hermanos".
Al morir, echaron a suertes su túnica y volvió a estar tan desnudo como en el pesebre.
Se nos anuncia una gran alegría: nos ha caído en suerte un Niño. Que cada uno coja de él lo que quiera. Y que siga haciendo lo mismo que él hizo en memoria suya.
(Dolores Aleixandre RSCJ. ALANDAR, Diciembre 2013)


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