jueves, 7 de febrero de 2013

Omnipotencia y desvalorización de uno mismo

El "todo o nada" proviene de la misma raíz: lo puedo todo-no puedo hacer nada, soy indispensable-no sirvo para nada, soy el mejor-soy un desastre, son algunas manifestaciones de la omnipotencia.

La desvalorización de uno mismo viene de una herida: al niño no se le apreció tal como era. Las palabras o miradas negativas, las prohibiciones y comparaciones jugaron un papel importante.

Hay que sacar todo este pasado a la luz para hallar sus raíces y poder tomar otra dirección.

¿Por qué la desvalorización de uno mismo va ligada a la omnipotencia? El ser humano que se desprecia, se da su propia y mortífera ley, y se somente a ella ciegamente, considerándola absoluta. Decreta que él no tiene ningún valor. La Palabra de Dios, que le asegura lo contrario, no tiene el menor impacto sobre él: "no valgo nada y no puedo hacer nada. Dios tampoco puede". Mientras que la Palabra le dice: Eres precioso a mis ojos, eres estimado, y yo te amo (Is. 43,4); te he llamado por tu nombre (Is. 43,1); te tengo tatuada en las palmas de mis manos (Is. 49, 16).

El ser humano que se desvaloriza borra, anula la obra de Dios, proclama el fracaso del poder de Dios sobre su creación. De hecho, está basando su vida en una creencia falsa al negar los dones de Dios, como si cada criatura no tuviera sus propios recursos de vida, de fecundidad, y no hubiera recibido al menos un talento.

La desvalorización de uno mismo es un verdadero camino de muerte. A menudo está profundamente anclada, enquistada en la psique. En realidad es una negativa a vivir, a ponerse en marcha con lo que se es, con lo que se tiene, es también un gran sufrimiento.

Simone Pacot
¡Vuelve a la vida!
Narcea, 2012




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