En Navidad nos sensibilizamos ante el Nacimiento de Jesús, como nos acontece ante el nacimiento de un niño, porque su vida provoca en nosotros la ternura y trae un cúmulo de expectativas. Es una vida nueva.
Los seres humanos, llevamos las categorías de tiempo, espacio, tenemos conciencia de los ciclos, etc.. Pero para Dios, todo es presente y es tan grande su misterio y su presencia en la vida, en el mundo, que para nosotros sería inabarcable. Necesitamos comprender este misterio, en fechas, de a poco, y aún así, se nos escapa!!!!! Como dice el salmo, es sublime y no lo abarco. (Salm. 139).
Nosotros también estamos envueltos en este misterio, somos su hij@ amad@, su creación, su gozo, sólo tenemos que animarnos a dejarlo entrar en nuestra vida.
Nosotros también estamos envueltos en este misterio, somos su hij@ amad@, su creación, su gozo, sólo tenemos que animarnos a dejarlo entrar en nuestra vida.
La frase es hermosa, fácil, asequible, pero sabemos que no es así. Nos resistismos profundamente a ser salvados, sanados, amados. Sólo le mostramos a Dios, y por supuesto a los hermanos, la que consideramos nuestra cara más bella, aquella que nos creamos para sobrevivir, llena de máscaras y mecanismos de defensa. Y precisamente, porque Él, conoce a su creatura, nos sabe frágiles, vulnerables, necesitados de amor, y quiere llegar ahí, precisamente donde le decimos NO.
La tradicional imagen del pesebre navideño, tiene la peculiaridad de no tener puertas... y esa es precisamente la invitación !!!!! : no tenerlas, animarnos a pasar nuestros propios límites, abrir el alma a Dios. El porqué es claro y evidente: allí somos habitados por Él, en nuestro centro, en nuestro corazón, en nuestro verdadero hogar.
Desde pequeños hemos tomado atajos y caminos equivocados para no volver a salir heridos, y allí estamos, sosteniendo y usando toda nuestra energía vital, cerrando puertas. Lo único que hacen es volvernos más débiles, más aislados, solos, quejosos y desamparados.
A nuestro alrededor, vemos "pesebres vivientes" que nos duelen, hermanos que viven en la calle, y tantos otros casos de personas cuya dignidad fue maltratada, etc...También estamos cada uno de nosotros, con su historia. Queda poco inexplicable a nuestro precario entendimiento humano, como algo tan pequeño como un niño puede sostener el dolor de todos. Pero ese Dios pequeño es fuerte, sostiene toda una humanidad, por supuesto, una vida entera, tu vida, mi vida
La pedagogía de Dios es otra, y son las heridas abiertas del alma, la puerta de entrada a ella. Allí donde Dios nos habita y también se manifiesta, irá evangelizando cada zona oscura, para llenarla de su luz. Así cantaremos con María: "Mi alma canta la grandeza del Señor" (Lc. 2,46)
Sólo así, nuestra vida será plena, y haremos "felices" la vida de los otros. Ninguna etapa de la historia fue fácil y sin dificultades. En todas estuvo la invitación de encontrar al Dios del Amor y de manifestarlo. Ni siquiera en tiempos de Jesús. No seguimos a un Jesús sin conflictos, no profesamos la fe en un Dios desentendido del hombre. Estamos llamados a ser su creatura, a amar en medio de este mundo, a ser sus testigos .La presencia de Dios es eterna en cada instante de nuestra vida, en lo pequeño, en lo imperceptible, aún allí donde ni lo advertimos, porque es Amor, y "es Fuerte como la Muerte" (Cant. 8, 6)
La tradicional imagen del pesebre navideño, tiene la peculiaridad de no tener puertas... y esa es precisamente la invitación !!!!! : no tenerlas, animarnos a pasar nuestros propios límites, abrir el alma a Dios. El porqué es claro y evidente: allí somos habitados por Él, en nuestro centro, en nuestro corazón, en nuestro verdadero hogar.
Desde pequeños hemos tomado atajos y caminos equivocados para no volver a salir heridos, y allí estamos, sosteniendo y usando toda nuestra energía vital, cerrando puertas. Lo único que hacen es volvernos más débiles, más aislados, solos, quejosos y desamparados.
A nuestro alrededor, vemos "pesebres vivientes" que nos duelen, hermanos que viven en la calle, y tantos otros casos de personas cuya dignidad fue maltratada, etc...También estamos cada uno de nosotros, con su historia. Queda poco inexplicable a nuestro precario entendimiento humano, como algo tan pequeño como un niño puede sostener el dolor de todos. Pero ese Dios pequeño es fuerte, sostiene toda una humanidad, por supuesto, una vida entera, tu vida, mi vida
La pedagogía de Dios es otra, y son las heridas abiertas del alma, la puerta de entrada a ella. Allí donde Dios nos habita y también se manifiesta, irá evangelizando cada zona oscura, para llenarla de su luz. Así cantaremos con María: "Mi alma canta la grandeza del Señor" (Lc. 2,46)
Sólo así, nuestra vida será plena, y haremos "felices" la vida de los otros. Ninguna etapa de la historia fue fácil y sin dificultades. En todas estuvo la invitación de encontrar al Dios del Amor y de manifestarlo. Ni siquiera en tiempos de Jesús. No seguimos a un Jesús sin conflictos, no profesamos la fe en un Dios desentendido del hombre. Estamos llamados a ser su creatura, a amar en medio de este mundo, a ser sus testigos .La presencia de Dios es eterna en cada instante de nuestra vida, en lo pequeño, en lo imperceptible, aún allí donde ni lo advertimos, porque es Amor, y "es Fuerte como la Muerte" (Cant. 8, 6)
Feliz Navidad
Mónica

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