Conocemos el amor que tú nos has dado, sin límites, indecible, que nada ni
nadie puede contener; es luz inaccesible, luz que actúa en todo... En efecto
¿qué hay que no haga esta luz, y qué no es ella? Ella es encanto y gozo,
dulzura y paz, misericordia sin fin, abismo de compasión. Cuando la poseo, no
me doy cuenta; tan solo la veo cuando se va; me afano para captarla, y se
esfuma plenamente. No sé qué hacer, y me consumo. Con lágrimas y gran humildad
aprendo a pedir y a buscar y a no considerar como una cosa posible lo que está
por encima de la naturaleza, ni como efecto de mi poder o del esfuerzo humano,
lo que viene de la compasión de Dios y de su infinita misericordia...
Esta luz nos conduce de la mano, nos fortifica, nos enseña, mostrándose y desapareciéndose cuando tenemos necesidad de ella. No está cuando queremos –eso es sólo para los perfectos- sino que viene en nuestra ayuda, cuando estamos perturbados y completamente agotados. Aparece y la veo desde lejos y me concede sentirla en mi corazón. Grito hasta ahogarme, de tanto que la quiero retener, pero todo es noche, y están vacías mis pobres manos. Lo olvido todo, me siento y lloro, desesperado por verla otra vez. Cuando he llorado mucho y consigo parar, entonces, viene misteriosamente, me coge la cabeza, y me deshago llorando sin saber que está allí iluminando mi espíritu con una dulcísima luz.
Esta luz nos conduce de la mano, nos fortifica, nos enseña, mostrándose y desapareciéndose cuando tenemos necesidad de ella. No está cuando queremos –eso es sólo para los perfectos- sino que viene en nuestra ayuda, cuando estamos perturbados y completamente agotados. Aparece y la veo desde lejos y me concede sentirla en mi corazón. Grito hasta ahogarme, de tanto que la quiero retener, pero todo es noche, y están vacías mis pobres manos. Lo olvido todo, me siento y lloro, desesperado por verla otra vez. Cuando he llorado mucho y consigo parar, entonces, viene misteriosamente, me coge la cabeza, y me deshago llorando sin saber que está allí iluminando mi espíritu con una dulcísima luz.
Evangelio según San Lucas 18,35-43
Comentario de
Simeón el Nuevo Teólogo (c.949-1022), monje griego, santo de la Iglesia
Ortodoxa
Himno 18


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