domingo, 26 de agosto de 2012

MÓNICA, Madre de las lágrimas.

Nació en un  pueblo del Norte de África, llamado Tagaste, en el año 332, de padres cristianos. Sus padres la casaron con un joven pagano, de noble cuna, llamado Patricio. Era un hombre áspero, irritable, indiferente a toda idea religiosa. Mónica sufría y oraba. Fueron años de mansedumbre, humildad, de paciencia y obedienica al esposo descreído y despótico.
Tuvieron tres hijos, dos varones y una mujer. Esta y el hijo menor fueron el consuelo de la madre.
Mónica no dejaba de llamar a la reflexión al extraordinario hijo mayor Agustín, quien enredado en vicios y liviandades, se adhirió a la secta de los maniqueos.
Un día, éste desapareció de la casa y se fue a Cártago. Después pasó a Roma y de ahi a Milán. Mónica, infatigable, lo buscó y lo encontró en esta última ciudad. Se aconsejó con el obispo Ambrosio, que la consoló, diciéndole: "No es posible que se pierda un hijo de tantas lágrimas."
Finalmente, Agustín se convirtió y san Ambrosio lo bautizó, con inmenso regocijo de su madre.
Emprendieron el regreso a África, pero llegados a la ciudad de Ostia, Mónica se enfermó y falleció en el 387. Ahí la enterraron, pero en 1430 sus restos fueron trasladados a Roma y colocados en la Iglesia de San Agustín, donde actualmente reposan (E. Pizzariello, op. cit., pp. 609-610)
El mayor elogio y el mejor testimonio de Mónica, como madre, se lo dedica su hijo Agustín en las Confesiones: "A los méritos de mi madre debo todo cuanto soy y vivo" (De la vida feliz, PL: 1,6)
"Mi madre llevaba en el débil cuerpo de mujer la robusta fe de un hombre, la serenidad de un anciano, la ternura de una madre y el fervor de una cristiana". (Conf. 9,4)
Realmente, la figura de esta mujer es paradigmática: así como con sus dolores daba a luz a Agustín en su cuerpo, más tarde, con sus lágrimas lo daría a luz en su alma. Este Padre que con su doctrina, tanto contriburía a consolidar la fe.
Si siempre atrás de un hombre grande hay una madre grande, ciertamente aquí se confirma la regla. Mónica, como mujer, como esposa, como madre, como viuda, como mística, una gran Madre de la Iglesia.

Martinez, Hipólito O.S.A., Padres y Madres de la Iglesia,  pp.129 a 131
27 de agosto, Sta. Mónica

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