sábado, 17 de marzo de 2012

La voluntad de Dios

Mi alimento, es hacer la voluntad de Aquel que me ha enviado y cumplir su obra (Jn. 4,34). Dios es amor (1Jn 4b). Amor por creación y amor muy personal por cada uno. Jesús dice que su alimento es hacer la voluntad de Dios. Es una alegría, el motor de su vida, el objetivo de su existencia. No puede ser algo pesado, ni un solo sentido del deber, sino que hace referencia al deseo, al aliento de vida, a la relación de amor de aquel que se sabe amado. Hacer la voluntad de Dios es un acto de vida. No obstante, a menudo la expresión voluntad de Dios nos asuta. ¿Qué sucederá si decidimos hacer la volutand de Dios?
Para mucho, conocer la voluntad de Dios sobre ellos es un verdadero tormento. Pero el tormento no es de Dios. 
Jesús dice que nos quiere liberar de la inquietud, de la ansiedad, y nos enseña a vivir en la paz, incluso a través de situaciones complicadas y díficiles. La voluntad de Dios es sencilla, clara y está a nuestro alcance.
Es necesario aclarar la fe y no continuar viviendo con errores teológicos. Comprender mal lo que significa la voluntad de Dios, puede llevar a un verdadero desastre en nuestras vidas.
Lo que la Vulgata por voluntad se remonta al griego thélema o eudokia . Las dos palabras remiten al hebreo rason (1).El amor de Dios reposa sobre el pueblo que ha escogido. Te llamarán mi placer (Es 62,4). "Mi placer" se refiere a la palabra hebrea que la Vulgata traduce corrientemente por "voluntad". Esta voluntad de Dios significa la alegría que el Señor siente por su pueblo (2). la palabra más próxima sería "deseo". El deseo de Dios es que seamos su "placer", lo que introduce inmediatamente una noción de relación personal, que afectará a nuestras aspiraciones, nuestros deseos más auténticos y nuestro impulso vital.
Hay un designio, un deseo de Dios sobre el mundo, sobre la humanidad. El designio de Dios concierne a la creación entera y se revela por las leyes de vida, las grandes leyes del Reino. 
El designio de Dios, es que todo lo que está vivo, viva. Pero enseña que la vida debe estar ordenada para ser fecunda. El designio de Dios es que el ser humano viva de y por el Espíritu, para llenar su condición de hijo e hija de Dios, asumiendo plenamente su humanidad.


(1) André Louf, Seigneur, apprendes-nous a prier. Bruxelles, Lumen Vitae, 1990, pag 43-44
(2) Ibid



Simone Pacot
Evangelizar lo profundo del Corazón
Ed. Narcea

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