domingo, 18 de septiembre de 2011

A Jesús... se le reconocían adicciones

Los que vivían cerca de Él movían la cabeza ante algunas de sus actuaciones, con ese gesto que suele hacerse cuando se da a alguien por imposible. "No tiene remedio", parecían decir, "no se aviene a razones, no hay quien le convenza y eso que lo hemos intentado: tiene hábitos y costumbres que son más fuertes que Él ...Cualquier sufrimiento le moviliza, cualquier demanda le conmueve hasta se diría que es Él quien las provoca y, si no, ¿por qué se empeña en rondar lugares en los que no se puede esperar más que encontrar pobres, enfermos o marginados? Allí donde se reúne esa gente con su suciedad, sus olores y sus moscas, como los que yacen junto a la piscina de Siloé, allí está Él (Jn. 1-3). O si, como aquél otro, el del brazo paralizado, hace tanto tiempo que está así ¿qué prisa le corre devolverle la movilidad, precisamente en el día en que la ley prohibe cualquier trabajo, incluso el de curar? (Mc. 3, 1-6).
No hay manera de que entienda que hay compañías que le perjudican y deñan su fama, pero allí donde se juntan para comer esa gentuza de publicanos y sinvergüenzas, allí está Él; no es extraño que luego le critiquen diciendo que le gusta demasiado comer y beber bien... (Mt. 11, 1-9). Y es que le pierde su afición a conversar, a preguntar, a escuchar, a dialogar con cualquier tipo de personas y por eso se mezcla demasiado con la gente. No le presa atención ninguna a su imagen,  no le importa el qué dirán, le traen sin cuidado los comentarios, los rumores y las murmuraciones.
Otra de sus manías, que parece estar en contradicción con la anterior, es estar en soledad al aire libre: en cuanto puede, ya sea de madrugada o en medio de la noche, se marcha a un descampado cerca, o al monte, o al desierto, sin que parezca importarle el relente, el calor, la soledad o el esfuerzo de la subida (Mc. 1,35; Mt. 11,1; Lc. 6,12; 9,28). A veces solicita compañía, pero otras muchas sale tan temprano que aún estamos dormidos, o se quita de en medio silenciosamente cuando de noche estamos aún calentándonos junto al fuego.Sobre lo que hace en esas horas, apenas sabemos algo. Sólo que, cuando vuelve, está más sereno y se diría que de su frente han desaparecido esas diminutas arrugas que se le forman cuando algo le preocupa. Por eso le dijimos un día que se parecía a Moisés, que volvía con el rostro radiante después de haberse encontrado con Dios en la tienda del encuentro ... (Ex. 34, 29).
Nos gustaría que fuera más razonable, más que prudente, más juicioso y que nos hiciera más caso cuando le aconsejamos. Pero por el momento, ya casi le consideramos como un caso perdido..."
Dolores Aleixandre
"Jesús, esto decían de Él"
Ed. Camino del Corazón

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