Hace unos meses atrás, se produjo en una de las paredes de mi departamento, una rajadura en la pared. Empecé a preguntar a qué se debería. Algunos que lo veían, me decía que tuviera cuidado, no sea cuestión que se produjera por una filtración. Así que tomé recaudos y puse manos a la obra. Empecé a consultar. Vino una arquitecta amiga, la vio, y se pronunció diciendo que seguramente era una filtración de algún caño, entre mi vecina y yo. Respuesta que no me gustó, pero tuve que aceptar. No contenta con ello, le consulté a quien administra el edificio, que también ejerce la misma profesión que mi amiga, y cuando la miró, comentó que dada la estructura, eso no podía ser una pérdida, ya que según los planos, por allí pasaba un pozo de aire y luz. Así que llamé a un pintor, que también es albañil, cuando llegó, se acercó a la pared donde estaba la rajadura, la miró, la tocó, empezó como a palpar, le dio pequeños golpes, prestando atención al sonido, y me dijo: "mire, lo que pasa es que la pintura se secó". Momento en el que yo respiré, ya que el arreglo sería más fácil y menos costoso, pero que también me hizo pensar en otra cosa: me acordé de la parábola del buen samaritano en el evangelio de S. Lucas, cap. 10. Demás está decir, que mis dos queridas arquitectas, me hicieron recordar al sacerdote y al escriba, la vieron, pero no la tocaron. En cambio, el pintor, hizo lo mismo que el buen samaritano, vio, se acercó y tocó. S. Lucas, el evangelista de la misericordia, rescata en éste, y en otros textos, siete verbos: lo vio, se conmovió, se acercó, vendó sus heridas, lo puso en su montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Sabemos que este número en la Biblia, simboliza la perfección. Puede ser la perfección del amor, pero también son verbos en donde está comprometida la corporeidad. Pero más allá de análisis exegéticos, todo esto me llevó a pensar en las relaciones humanas, en las heridas que todos llevamos dentro, en las rajaduras del alma, muchas de ellas, provocadas porque no se acercaron, no nos vieron, no nos tocaron o fuimos tocados inadecuadamente, etc...
Pero también, en la posibilidad que tenemos de curarnos los unos a los otros si nos animamos a mirarnos, a acercarnos, a tocar, a cuidar.... Cuántos de nuestros días, pasan rápidamente, con gente a nuestro alrededor, pero a veces no advertimos como está su rostro, su postura corporal, su voz, su mirada.....
Es Jesús, el Buen Samaritano, quien nos mira, se acerca, se conmueve, nos toca y cuida a través de nuestros hermanos, revelándonos así, la ternura de Dios para con todo hombre/mujer.
Creo que así como yo me ahorré un gasto, y respiré tranquila, mucho nos ahorraríamos y respiraríamos otro aire si nos atreviéramos a amar y dejarnos tocar las rajaduras del alma.
Pero también, en la posibilidad que tenemos de curarnos los unos a los otros si nos animamos a mirarnos, a acercarnos, a tocar, a cuidar.... Cuántos de nuestros días, pasan rápidamente, con gente a nuestro alrededor, pero a veces no advertimos como está su rostro, su postura corporal, su voz, su mirada.....
Es Jesús, el Buen Samaritano, quien nos mira, se acerca, se conmueve, nos toca y cuida a través de nuestros hermanos, revelándonos así, la ternura de Dios para con todo hombre/mujer.
Creo que así como yo me ahorré un gasto, y respiré tranquila, mucho nos ahorraríamos y respiraríamos otro aire si nos atreviéramos a amar y dejarnos tocar las rajaduras del alma.

Qué lindo Moni, gracias!!! TERE
ResponderEliminarDe nada, Tere. Gracias a vos
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