lunes, 14 de febrero de 2011

De la discreción

Un cazador que cazaba fieras en el bosque, vio al abad Antonio en recreo con los
hermanos y se escandalizó. El anciano quiso demostrarle que conviene algunas veces ser
condescendiente con los hermanos y le dijo: «Pon una flecha en tu arco y ténsalo». Y lo hizo
así. Y de nuevo Antonio le dijo: «Sigue tensándolo». Y el cazador le obedeció. Y el abad
insistió de nuevo: «Tensa aún más». El cazador lo volvió a tensar, pero dijo al abad Antonio:
«Si lo tenso más, se romperá el arco». Y entonces el abad Antonio le dijo: «Lo mismo ocurre en
el servicio de Dios. Si se aprieta excesivamente, los hermanos pronto desfallecen. Conviene,
pues, de vez en cuando relajar la tensión». Al oír esto el cazador se arrepintió y se aprovechó
mucho de la lección del anciano. Los hermanos, reconfortados, volvieron a sus celdas.

Sentencias de los Padres del Desierto
Capítulo X

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