miércoles, 6 de octubre de 2010

El diluvio

Nos queda todavía la paloma.
Las aguas de la insania volverán
al cauce de la vida, y el aroma
de nuestra piel será de tierra y pan.
Nos quedan la paloma y la protesta
frente a las seducciones de Wall Street;
la alianza del jardín y la floresta;
los salmos y la honda de David;
la risa de los niños, desarmada;
el viejo catecismo de la azada;
la cara de la Paz ¡y su reverso!;
la mano la que me tiendes,
la voz de Raboní, mi pobre verso,
¡tu corazón herido, Chico Mendes!      

Pedro Casaldáliga                  

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