sábado, 22 de mayo de 2010

Permanecer en el amor (por Bert Hellinger, en un dìa de Pentecostés)



Buenos días, hoy en un día festivo. Los cristianos celebran Pentecostés, la venida del Espíritu Santo. Los cristianos dicen que es el espíritu del amor, por tanto, me gustaría hablar del amor. Pero quizás sea algo diferente de lo que ahora esperáis.
A veces, escuchamos frases como: "permaneced en el amor". ¿Qué significa eso, permanecer en el amor?
Conocemos el amor del vínculo, es decir, estamos atados a nuestros padres, vinculados a ellos por un amor especial. Lo mismo ocurre con nuestra pareja y también con nuestros hijos. Sin embargo, al estar vinculados de esta manera especial, al mismo tiempo nos hallamos separados de otros.
Por tanto, mantenernos en el amor, significa amarlo todo, tal como es. Significa recibirlo todo en el alma, tal como es, asintiendo a ellos tal como es. Amarlo todo tal como es, justamente de la manera que es, significa asentir la vida en su totalidad, tal y como es, justamente como se presenta. A nuestra propia vida, a la de los demás, tal como es, justamente así.
A esta vida tambén pertenecen las luchas -la vida de unos lucha con la vida de otros para ganar espacio-, y si nos mantenemos en el amor, también amamos eso: los opuestos, la lucha, la victoria y la derrota, vida y muerte, los vivos y los muertos, el pasado tal como fue, el futuro como venga. Justamente así. En este amor vivimos amplios, estamos en concordancia con todo y también de acuerdo en todo. Este amor es una entrega a todo y también de acuerdo con todo. Este amor es una entrega a todo. Ésta es la auténtica religión. En este amor estamos en plenitud, serenos, capaces de observar, de mirar cómo todo va transcurriendo, entregados a nuestro propio destino y, a la vez, respetuosos con el destino de todos los demás, con el destino del mundo. Estar entregados de esta manera al Todo, significa mantenernos en el amor. 
Esto también tiene consecuencias para nuestro trabajo. Quien se mantiene en el amor de esta manera, puede observar cómo van transcurriendo las cosas, puede observar la felicidad y la desdicha, la vida y la muerte, las implicaciones y el dolor, y dado que ama al conjunto, a veces se convierte en perpetrador del cauce de la vida, sin caer en la soberbia, siempre en corcodancia y de acuerdo con el todo. Quien ayuda de esta manera, no conoce la preocupación, está libre. Y aquéllos a quienes ayuda, también están libres, y todos siempre se mueven a un mismo nivel, de igual importancia en el conjunto. No hay nadie mejor o peor. En el conjunto simplemente estamos.


¡¡¡Qué visión más integra y contemplativa de ver el amor en nuestras vidas!!! 
Espíritu Santo ven a regalarnos el amor que nos unifica. 
(Los destacados en negrita son míos) Mónica

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